I LOVE MIX- MARCELO TOBAR EN RETROSPECTIVA TEMPRANA... SIN FE EN LA HETEROSEXUALIDAD

Este año decidimos subrayar la carrera de un joven cineasta mexicano independiente que aún con tres filmes en su haber, marca ya nuevos derroteros de producción para retratar personajes complejos, llenos de sangre y emociones, dados a luz por actores dirigidos de manera excelente.

Marcelo Tobar de Albornoz es graduado de cine de Vancouver Film School. Desde 2009 ha trabajado como guionista para televisión además de haber realizado algunos trabajos comerciales y videoclips como director. Sus filmes han sido producidos en un sistema de cooperativa. El más reciente, Oso Polar, ganó el premio principal del Festival de Cine de Morelia 2017.

AC: ¿A qué atribuyes que gran parte de la crítica en este país haga una lectura por encima de tu película OSO POLAR y no mencionen que el personaje principal es homosexual?


MT: A la invisibilización de los personajes gay que no cumplan su rol de ser gays y que su trama se desarrolle solamente alrededor de su orientación sexual. Un personaje gay cuya personalidad no se define al cien porciento por su homosexualidad parece no interesarle ni al mainstream ni al mundo gay. O sea que para escribir un personaje gay “satisfactorio” debe ser definido por su sexualidad. Esa no es ni mi experiencia ni mi interés. Mis personajes gay son personajes rebeldes dramatúrgicamente. Hacen lo que les da la gana. ¡Y yo les aplaudo!



AC: Desde que empezamos a programar tus filmes en el Festival Mix, nos impresionó el orgullo que te da el que podamos encontrar lecturas gay en tus personajes, las situaciones y tu estética. Ante el conservadurismo de muchos cineastas y distribuidores, ¿qué es lo que ha evitado que te encierres en el clóset con las coartadas de la moral, el buen gusto, la taquilla, lo queer y/o su “temor” a las etiquetas?

MT: ¡Y le agradezco al Festival MIX que muestre interés en mi cine! Aún cuando he sido rechazado de muchos más festivales gay que festivales mainstream. Supongo que lo gay nunca ha sido valorado en mis películas porque no es el centro temático de las mismas. Sin embargo, a veces pienso que mi resistencia a estas películas taquilleras sustentadas en el clasismo, el racismo y la homofobia como vehículo cómico, es hacer películas donde lo gay es parte de la normalidad del mundo. Por eso mismo no me convence el mote de “queer”. Queer quiere decir “raro”, y no estoy seguro que lo gay sea raro. Tampoco estoy seguro que lo que llamamos “normal” sea tan normal. En vez de llamarnos queer podríamos ayudar a nuestrxs hermanxs “no queer” a liberarse de preceptos heteronormativos y patriarcales.



AC: La estética gay, por distintas razones incluyendo la económica, se ha decantado por la austeridad sin que por ello se descarte la imaginación desbordada (Van Sant, Haynes, Almodóvar, Hernández). ¿Cómo construyes, delimitas e impones tu estética en tus proyectos?

MT: Por los recursos. Desde muy joven tuve claro que el apoyo económico institucional iba a ser un camino cuesta arriba para mis películas. Y como no me gusta mucho instalarme ni en la queja ni en la frustración, he pulido un método autofinanciado, un poco suicida que con los años cada vez nos sale mejor. Elsa Reyes (socia y productora de mis últimas películas) ha sido mi gran aliada en eso. Trato de construir los proyectos desde lo que se tiene a la mano. El cine independiente es un sistema horizontal de colaboración en el que el estímulo para los que se montan al barco no es económico sino creativo. Eso cambia muchas cosas. Es una experiencia menos capitalista y más comunitaria y el resultado se nota también. Con eso he aprendido que las películas no pueden ser solo sobre mí mismo, sino sobre el mundo. Y el mundo está más allá de mi ombligo.

AC: ¿Cómo convences a tus actores y cómo trabajas con ellos?

MT: No me da reparo acercarme a cualquier actor y proponerles un tiro cinematográfico porque les prometo algo que siempre he cumplido: van a estar orgullosos de su trabajo. Me interesa trabajar con la esencia, el espíritu y la energía del actor como ser humano, no como intérprete. ¡Es mi parte favorita de hacer películas! El rodaje lo sufro mucho porque cada emplazamiento es la única vez que vas a poder filmar esa escena. Ponderas lo planeado, lo improvisado y lo accidental para tratar de capturar la mejor versión de lo que tienes enfrente. Es cardíaco. Pero la complicidad con los actores y el crew me salva.



AC: ¿Cómo recibe el público tus filmes?


MT: Hablemos del público gay: mal. Jajaja. No tanto, estoy bromeando, aunque muchas veces el público gay me cuestiona por qué mis personajes gay están tan llenos de defectos. ¿Por qué no les otorgo cierta redención? Y contesto que por la misma razón por la que mis personajes femeninos son así, y los heterosexuales: porque ninguno simboliza a TODOS los gays o a todas las mujeres y ninguno merece una redención por encima del otro. Eso sería juzgarlos, y yo no juzgo a mis personajes… trato de entenderlos. Cada uno de ellos está construido (espero) con suficiente textura como para que se represente a sí mismo, y nada más. Si es un personaje realista, tal vez te recuerde a ti, o a alguien muy cercano a ti.

AC: ¿Cuál es tu nuevo proyecto?

MT: Es una comedia que filmo en otoño. Cada película me gusta plantearme un nuevo reto, y esta vez TODO es nuevo. Es la primera comedia, la primera película con gran presupuesto y la primera vez que dirigiré a siete actores co-protagónicos. Hay ciertos “gurús” que atacan las películas corales diciendo que son un disparo en el pie y que no pueden funcionar. Quiero demostrarles que no. El cine no es de fórmulas, es de emociones. Y en esta película lo gay lo voy a inyectar en un grupo de amigos “heterosexual”. Cada vez creo menos en la heterosexualidad si te soy sincero.

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