I LOVE MIX 2018: RATAS DE LA PLAYA Y LAS MORTIFICACIONES

Esta crítica fue originalmente publicada este año en cinent.com.

En “Ratas de la Playa” (Beach Rats) de Eliza Hittman, un joven nini guapo y grandote (interpretado por Harris, una revelación sorprendentemente sobreseída por los nominadores a Premios) vive a un lado de la playa con su familia compuesta de madre estoica padre con cancer y hermanita en la edad de la punzada y perdiendo el tiempo con otros escuincles mariguanos de su misma edad. Por simple curiosidad homosexual, el chamaco visita sitios de sexo donde se engancha con hombres mayores; para taparle el ojo al macho se acuesta con una guapa vendedorcita rogona; y por pura indolencia, acaba siendo la cabeza -embotada, tonta, de inmediato culposa- de un delito.



De una manera contenida y elegante, Hittman urga en la intimidad del chico poniendo al mismo nivel su incapacidad de comunicación familiar, sus pequeñas estafas en la farmacia y las casas de empeño, sus mantras contra las etiquetas ante sus ligues homosexuales, su deconstrucción del romance y la coquetería ante la guapa insistente, los berrinches interruptus ante la mínima autoridad materna, su limpieza púbica y anal previa al encuentro, la camaradería poscoital gay y la separación aséptica del grupo con el que se droga, a quienes nunca acepta como amigos.



Ratas de la Playa está filmada austeramente con un distanciamiento documental y estética post videoclipera con un hermoso trabajo actoral repleto de silencios, insinuaciones y naturalidad sorprendente. Es la historia de un crecimiento emocional, un coming of age constantemente mortificado, temeroso del dolor, de la emoción y del vínculo que pudiera aterrizar a su protagonista en una joven madurez, en una adultez responsable, en una asunción de la verdad, del aquí y el ahora.

Bien pudiera ser una lectura moderna de Los 400 Golpes (Les Quatre Cents Coups 1959) truffautianos, con la droga y el peer pressure como nuevas instituciones que sustituirían las de la ley y la escuela de la película francesa.

Pero este filme es también el brillante descubrimiento de un gran valor en la dirección, en la misma estirpe magnífica de directoras especializadas en urgar dentro de la sique masculina y sus rituales como Anna Kokkinos (Head on, The Book Of Revelation), Jodie Foster (Mentes que brillan, El castor), Kimberly Pierce (Los muchachos no lloran, Sus santos y demonios) y hasta de Kathryn Bigelow (The hurt locker, Detroit).

¡¡¡A ver sin falta!!!

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