I LOVE MIX: ASTRID RONDERO HABLA ACERCA DE "LOS DÍAS MÁS OSCUROS DE NOSOTRAS"

Estamos orgullosos de inaugurar este año con LOS DÍAS MÁS OSCUROS DE NOSOTRAS, opera prima de Astrid Rondero, un filme excelente de manufactura impresionante. La primera película en largometraje de temática lésbica apoyada desde su inicio por el IMCINE, es un viaje a las zonas ocultas de un personaje que huye de la emotividad, lo que provoca en el espectador una fascinación que se ve recompensada por una riquísima y muy cercana percepción sobre esta mujer, su fuerza, su dolor y su esperanza. Tenemos la dicha de entrar un poquito a su proceso de creación a través de las palabras de su realizadora. Entrevistada por Arturo Castelán, director del Festival.


AC: ¿Cuándo surgió tu idea de levantar esta película?


AR: La idea surgió en Tijuana, varios años atrás. En medio del rodaje de una película sobre migración. Tijuana y sus calles de noche me atraparon. Hay una vitalidad muy especial en la frontera. Algo sucedió ahí, que me permitió aprender acerca de mi propia identidad como mujer y a identificar con claridad las reglas de género y la violencia con la que aprendemos a vivir en esas reglas. Tijuana es franca, poderosa, aterradora e inolvidable. Mientras pensaba en mi Opera Prima, Tijuana de inmediato reclamó su lugar.



AC: ¿Por qué elegiste a tu reparto?

AR: Siempre busco actores. Me apasiona trabajar con ellos. Me fascinan en la misma medida en la que me intimidan y me provocan. El camino para mí como directora, es un camino de involucramiento. De hecho me gusta pensar que hacer una película es también una oportunidad única para mí de conectar con otros. Tanto Sophie Alexander-Katz como Florencia Ríos, son actrices muy distintas entre sí y muy distintas a los personajes que interpretan. El proceso de esta película fue el de encontrar juntas el camino para llegar hacia los personajes. Fue un proceso muy dulce, intenso y muy vivo. Un camino que no tuvo atajos sencillos pero del que creo todas salimos transformadas. Me gusta trabajar con lo que no es aparente, no porque me guste andar los caminos más largos, sólo por andarlos, sino porque generalmente es en el transcurso de un camino largo donde se encuentra lo que verdaderamente buscamos.

AC: ¿Qué dificultad plantea a una mujer el levantar un filme en México?


AR: Creo que las posibilidades de dirigir siendo hombre o mujer son proporcionales a la tenacidad con la que un realizador persiga su película. Sin embargo, las mujeres necesitamos que nuestra tenacidad sea mayor, simplemente porque jugamos con los números en contra. Esos números en contra, se instalan desde las escuelas de cine y más o menos varían a lo largo de los primeros años de nuestras carreras, y vuelven a resurgir en nuestras vidas adultas. Las oportunidades, el reconocimiento llegan más lentamente o de formas menos obvias. El éxito no es un territorio dado y es aquí donde creo genuinamente en que el cine hecho por mujeres puede encontrar su fuerza y su rebeldía. Hablar del género en el cine no es cosa fácil, y debo decir que entiendo por qué es además altamente impopular: porque es atávico, irracional y está enraizado muy profundamente en todos nosotros por igual. Basta decir que las cineastas que estamos dirigiendo, produciendo, fotografiando, escribiendo, etc, experimentamos el cine desde una perspectiva diferente a la de nuestros compañeros hombres y es que tal vez nuestros retos empiezan mucho antes que los de ellos.

AC: ¿Qué fue lo más difícil de tu proyecto?

Creo que uno de las partes más complejas fue la edición. Tuve la suerte de tener de co-editora a Susan Korda, quien fuera mi mentora en un taller de edición en la Berlinale. Su presencia fue fundamental para encontrar el camino que buscaba. Los días más oscuros de nosotras es una película que tuvo mucho montaje y por momentos eso me hizo sentir que perdía el control sobre el material. Fue también uno de los momentos más vulnerables para mí como realizadora, porque para mí era un último acto de fe.

AC: ¿Qué filmes y realizadores gays y lesbianas admiras?

AR: Desert Hearts, de Donna Deitch es una de mis películas preferidas; Lianna, de John Sayles; el cine de Todd Haynes; Querelle, de Fassbinder; Mi vida como Perro, de Lasse Hallström.



AC: Tu filme plantea escenas eróticas desde una perspectiva emocional muy distinta a las que hemos visto comercialmente. Un director hombre generalmente hace coreografías estrictas, aunque el de La vida de Adele agotó a sus actrices haciéndolas improvisar ¿Cómo te enfrentas con tus actrices en este tipo de escenas?

AR: La secuencia entre Ana y Silvia fue una de las más dulces y verdaderas que filmamos. Es una de las escenas que he filmado que más me enorgullecen como directora. Creo que gran parte de la diferencia está en la perspectiva: No es lo mismo montar y filmar una escena desde afuera, que montarla y filmarla desde adentro. Justo desde afuera, las cosas pueden ser incómodas, maquinales y pueden generar inseguridad. Finalmente el desnudo es otro miedo atávico que todos compartimos. Desde adentro, sin embargo era diferente, porque desde dentro estábamos trabajando con el territorio que para entonces ya conocíamos muy bien, que eran los personajes. También por eso, fue importante dejar estas secuencias para los últimos días de rodaje, ya que para entonces, habíamos transitado casi por todos los rincones de Ana y de Silvia, y en el mundo real todas ya nos conocíamos. No creo que sea una cuestión de género, sino de estar dispuesto a entregar lo que uno pide del otro. Justo en esta vulnerabilidad compartida, es que surge una verdadera intimidad que no es frágil, sino gozosa y lúdica.


AC: ¿Qué tanto influye el éxito de un cortometraje anterior al levantar tu película?

AR: En aguas quietas (mi cortometraje anterior) tuvo mucha estrella pero lo que me dio principalmente fue el descubrimiento del cine que quería hacer y que creo aún me define. Me permitió confiar en mis capacidades como realizadora y me permitió entrar al proceso de escritura del largometraje con un poco más de seguridad en mí misma. Incluso ahora, sigo recibiendo respuesta por el corto. Fue muy especial ver espectadores en el festival de Guadalajara de este año que habían asistido a ver Los días más oscuros de nosotras por haber visto el corto varios años antes. Creo que el éxito de un cortometraje o una película está en la medida en que te permite seguir creciendo como realizador y mantener encendida la llama creativa.

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